Tesoros de Campeche (Parte I) – Calakmul, tierra de asombros

Calakmul_300pxEs una visión fugaz: ocho aves de gran tamaño emergen del bosque, cruzan el sendero frente a mí y son tragadas nuevamente por la vegetación. Es la tercera vez que veo a los Pavos Ocelados mientras camino hacia la Estructura II en la ciudad Maya de Calakmul. Apenas he logrado fotografiar las últimas plumas del pavo más rezagado, pero eso carece de importancia. Lo emocionante es saber que están aquí.

El Pavo Ocelado (Meleagris ocellata) es un ave impresionante que mide de 70 a 90 centímetros, pesa de tres a cuatro kilos y exhibe plumas iridiscentes en tonos bronce, verde y azul turquesa. Sometidos durante décadas a la caza excesiva por su valor nutricional, la belleza de sus plumas o la “afición deportiva”, los Pavos Ocelados han visto su hábitat drásticamente reducido como consecuencia de la actividad humana. Actualmente sus poblaciones están limitadas a unos 130.000 kilómetros cuadrados repartidos entre Quintana Roo, Campeche, Yucatán, Belice y el Norte de Guatemala. También sobreviven en menor cantidad en partes del sur de Tabasco y el noreste de Chiapas.

En México la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) ha incluído al Pavo ocelado en la categoría de Especie Amenazada, a un paso de clasificar como Especie en Peligro de Extinción. También la IUCN Red List of Threatened Species señala a esta especie como “Casi Amenazada”. La creación de reservas y la realización de esfuerzos para limitar su caza indiscriminada han permitido la recuperación parcial de sus poblaciones, pero aún así el futuro del Pavo Ocelado no está garantizado. Las reservas son sometidas a presiones constantes desde los asentamientos humanos cercanos, cuyos pobladores continúan practicando la caza y la tala furtivas.

Volando a Calakmul: las nubes se abren para dejarnos ver la selva. (Foto © Iván gabaldón).

Volando hacia Calakmul: las nubes se abren para dejarnos ver la selva. (Foto © Iván Gabaldón).

Calakmul es una de esas áreas oficialmente protegidas y la presencia de los Pavos Ocelados es prueba de ello. En 1989 el Estado mexicano estableció la Reserva de la Biósfera de Calakmul, 723.000 hectáreas segmentadas en una zona núcleo (34.3 %) y una zona de amortiguamiento (65.6 %), reconociendo así oficialmente el valor de un territorio que conjuga una gran riqueza biológica con la importancia cultural de alojar en su seno a la antigua ciudad Maya de Calakmul. Diez años más tarde el Gobierno de Campeche decretó la protección de 520.000 hectáreas adicionales, estableciendo las reservas estatales Balam Kin y Balam Kú. El territorio conjunto de esas tres reservas conforma la mayor extensión de selva protegida en territorio mexicano y una de las 20 reservas tropicales más grandes del mundo.

Huellas como las de ninguna otra especie, las marcas dejadas por vehículos son fácilmente reconocibles desde el aire. (Foto © Iván Gabaldón).

Las huellas humanas son como las de ninguna otra especie: marcas dejadas por vehículos que son fácilmente reconocibles desde el aire. (Foto © Iván Gabaldón).

Dos paisajes en uno: selva y deforestación. (Foto © Iván Gabaldón).

La aproximación a la reserva revela dos paisajes en uno: selva y deforestación. (Foto © Iván Gabaldón).

Estar en Calakmul es saberse inmerso en la selva, percibir sus olores y sonidos, sentirse rodeado de vida. Temprano en la mañana de hoy, cerca de la entrada a la zona arqueológica, un Tucán Real (Ramphastos sulfuratus) y un Tucancillo de Collar (Pteroglossus torquatus) me permitieron observarlos desde cerca durante varios minutos, como si quisieran hacerme saber que no estamos en cualquier lugar. Los tucanes son aves de amplia distribución en toda la península pero sus poblaciones están decreciendo y los avistamientos son cada vez menos frecuentes. Es la primera vez que encuentro y fotografío al Tucancillo, especie más pequeña que el Tucán Real pero igualmente vistosa.

Los tucanes cumplen un importante rol en la difusión de semillas. En la foto, un Tucancillo de Collar (Pteroglossus torquatus). (Foto © Iván Gabaldón).

Los tucanes son dispersadores de semillas y el papel que desempeñan es de gran importancia para el ecosistema. En la foto, un Tucancillo de Collar (Pteroglossus torquatus). (Foto © Iván Gabaldón).

Ya dentro de la zona arqueológica camino tan silenciosamente como puedo. En compañía de Luis Jiménez Hernández, guía de Calakmul especializado en aves, me separo del grupo para acercarnos a una zona anegada desde donde nos llegan voces de aves acuáticas. Permanecemos allí, agazapados durante largos minutos mientras cae una llovizna intermitente. Alcanzamos a ver grupos de Zambullidores menores (Tachybaptus dominicus), Jacanas norteñas (Jacana spinosa), Gallinetas comunes (Gallinula chloropus) y una Garza Verde (Butorides virescens). Están relativamente cerca pero la vegetación hace difícil conseguir encuadres limpios. Disfruto, inmóvil y en silencio, el privilegio de ser testigo de momentos íntimos en la vida de estas aves.

Zambullidores menores (Tachybaptus dominicus), siempre atentos a su entorno. (Foto © Iván Gabaldón).

Zambullidores menores (Tachybaptus dominicus), siempre atentos a su entorno. (Foto © Iván Gabaldón).

De regreso en el sendero los Pavos Ocelados siguen en mi mente. La selva, por su parte, insiste en recordarme que hay mucho más que aves aquí. Todo depende de hacia dónde uno mire y con qué nivel de atención. A un lado del camino, adentrándonos un poco en la vegetación, encontramos millares de hormigas afanadas en la realización de un proyecto épico. Movilizándose como ejército suben y bajan por el tronco de un gran árbol para luego adentrarse en la selva con su cargamento de hojas, sin que podamos ver de dónde vienen ni hacia dónde van. La ciencia ha registrado en Calakmul 1,537 especies de plantas, más de 200 especies de mariposas diurnas, 70 especies de reptiles y anfibios, 350 especies de aves y 86 especies de mamíferos. Los científicos que estudian esta zona saben mejor que nadie que esos registros son parciales y estiman que existen decenas de miles de especies aquí.

    Soldados de la selva: la capacidad de trabajo, la habilidad y fortaleza de las hormigas infunden respeto. (Foto © Iván Gabaldón).

Soldados de la selva: la capacidad de trabajo, la habilidad y fortaleza de las hormigas infunden respeto. (Foto © Iván Gabaldón).

Las mariposas de la especie Morpho helenor acostumbran posarse sobre el terreno en senderos umbríos y húmedos de la selva. (Foto © Iván Gabaldón).

Las mariposas de la especie Morpho helenor acostumbran posarse sobre el terreno en senderos umbríos y húmedos de la selva. (Foto © Iván Gabaldón).

Sonidos provenientes de las alturas me obligan entonces a cambiar mi ángulo de observación. Monos Araña (Ateles geoffroyi), entre ellos un ejemplar en edad infantil, se desplazan con asombrosa facilidad a través de ese mundo inalcanzable para nosotros que existe en las copas de los árboles. Están muy arriba y a contraluz pero me esfuerzo hasta lograr algunas imágenes. Calakmul me hace sentir optimista, intuyo que tendré más oportunidades para fotografiar a los monos y Luis me confirma, basado en su conocimiento de la zona, que tenemos buenas probabilidades de volverlos a ver. Espoleados por esa idea decidimos retomar el sendero para alcanzar al resto de nuestro grupo en el área principal de la zona arqueológica.

    Imposible hacer contacto visual con los Monos arañas sin notar cuánto nos parecemos. (Foto © Iván Gabaldón).

Imposible hacer contacto visual con los Monos Araña sin notar cuánto nos parecemos. (Foto © Iván Gabaldón).

Minutos después intercambiamos más sonrisas que palabras al reunirnos al pie de la Estructura II con el resto de nuestro grupo, integrado por mi esposa Rose y por el empresario campechano Francisco Hernández y su esposa Carmen, responsables de organizar este magnífico viaje. Alegra el alma estar aquí, tenemos el lugar para nosotros solos y ninguna sensación de apuro. En compañía de Rose asciendo hacia el tope de la estructura, negociando los milenarios escalones con la cautela requerida para evitar una caída. Ya en la cima, sentados sobre las piedras, absorbemos la imponente vista: hasta donde alcanzamos a ver todo es selva densa y majestuosa, cubierta por cielos parcialmente nublados e interrumpida tan solo por otras dos altas edificaciones de la antigua ciudad de Calakmul. Nos parece mentira estar aquí, en esta suerte de encrucijada entre la naturaleza, el pasado pre-hispánico y nuestra propia existencia contemporánea. Una brisa constante nos acaricia y hace crujir un árbol que crece al tope de la estructura, soprendiéndonos al arroparnos con un aroma intenso a miel. Hay abejas aquí, trabajando afanosamente en las cavidades del viejo árbol, produciendo su néctar dorado sin intervención humana alguna como lo han hecho desde el inicio de los tiempos.

Vista parcial de la Estructura II, en Calakmul. (Foto © Iván Gabaldón).

Vista parcial de la Estructura II, en Calakmul. (Foto © Iván Gabaldón).

La vista de Calakmul desde la cima de la Estructura II nos deja sin aliento. (Foto © Iván Gabaldón).

Desde hace dos milenios Calakmul, capital del antiguo reino de Kaan, yace inmersa en el petén de Campeche. La vista desde la cima de la Estructura II nos deja sin aliento. (Foto © Iván Gabaldón).

Más tarde, al descender, nos detenemos a mitad de la estructura y desde allí tenemos una visión privilegiada del gran árbol que crece frente al edificio, cubierto de líquenes, bromelias y otras parásitas. Por sus ramas desfilan Tucanes Reales, Tucancillos de Collar, Carpinteros, Chachalacas, Mosqueros y Trogones. Me dedico a fotografiar este elenco de aves en constante actividad, centrando mi atención en la labor minuciosa que realizan los tucanes al recorrer la copa del árbol para desprender, una por una con sus enormes picos, pequeñas frutas que luego lanzan hacia el interior de sus gargantas con rápidos movimientos de cabeza.

Con característica habilidad, este Tucancillo de Collar (Pteroglossus torquatus) lanza fruta al interior de su pico. (Foto © Iván Gabaldón)

Con característica habilidad, este Tucancillo de Collar (Pteroglossus torquatus) lanza fruta al interior de su pico. (Foto © Iván Gabaldón)

El pico del Tucán Real (Ramphastos sulfuratus) le permite trabajar con mucha precisión en la recolección de pequeñas frutas. (Foto © Iván Gabaldón)

El pico del Tucán Real (Ramphastos sulfuratus) le permite trabajar con mucha precisión en la recolección de pequeñas frutas. (Foto © Iván Gabaldón)

Colorido vecindario: un Tucán Real (Ramphastos sulfuratus) y un Trogón Cabecinegro (Trogon melanocephalus) comparten la copa del árbol. (Foto © Iván Gabaldón).

Colorido vecindario: un Tucán Real (Ramphastos sulfuratus) y un Trogón Cabecinegro (Trogon melanocephalus) comparten la copa del árbol. (Foto © Iván Gabaldón).

En el mismo árbol, un Carpintero Frentidorado (Melanerpes aurifrons). (Foto © Iván Gabaldón)

En el mismo árbol, un Carpintero Yucateco (Centurus pygmaeus). (Foto © Iván Gabaldón)

Llega la hora de marcharnos pero Calakmul, pronto lo sabremos, aún nos guarda regalos. En el camino de regreso, todavía en pleno centro de la zona arqueológica, se presenta aquello que me ha estado eludiendo todo el día: un grupo nutrido de Pavos Ocelados. No uno ni dos, son al menos una docena, caminando tranquilos en un descampado entre las estructuras de piedra, sabiéndose dueños del lugar y a salvo. Hago mis primeras imágenes a la distancia antes de acercarme cuidadosamente, cubriéndome lo más que puedo con los árboles. Los pavos toleran mi aproximación y me otorgan, finalmente, una oportunidad de éxito en la misión pendiente para mi archivo fotográfico.

Una pose poco usual. Pavo Ocelado  (Meleagris ocellata). Foto © Iván Gabaldón.

Una pose poco usual la de este Pavo Ocelado (Meleagris ocellata). (Foto © Iván Gabaldón)

Con sus patas raspan el terreno en busca de alimento. (Foto © Iván Gabaldón).

Con sus patas escarban el terreno en busca de alimento. (Foto © Iván Gabaldón).

En este acercamiento podemos observar la inconfundible cabeza azul con nódulos naranja del Pavo Ocelado (Foto © Iván Gabaldón).

En este acercamiento podemos observar la inconfundible cabeza azul con nódulos naranja del Pavo Ocelado. (Foto © Iván Gabaldón).

Mi atención se ve atraída entonces por los movimientos de un grupo de aves oscuras, de aspecto prehistórico y mayor tamaño que los pavos, que caminan en actitud sigilosa al borde del bosque. Intento acercarme pero se ocultan rápidamente con habilidad, haciéndome saber que debo resignarme a mantener mi distancia. Calakmul, una vez más, me quita el aliento al prodigarme mi primer encuentro con el Hocofaisán (Crax rubra). Están lejos, la luz es tenue y apenas logro hacer algunas fotografías antes de que se internen nuevamente en la vegetación. Los Hocofaisanes, quizás conspirando con los Monos Araña que aún me esperan en el camino de salida, siembran en mí la necesidad imperiosa de regresar a Campeche y a esta selva de asombros llamada Calakmul, capital del milenario reino de Kaan, tesoro de México y la Humanidad, patrimonio valioso de un planeta llamado Tierra.

Lo admito, como fotografía es apenas aceptable. Pero no podía dejar de compartir con ustedes el aosmbro de un primer encuentro con el Hocofaisán (Crax rubra). (Foto © Iván Gabaldón).

Lo admito, esta fotografía es apenas aceptable. Pero no podía dejar de compartir con ustedes el asombro de mi primer encuentro con el Hocofaisán (Crax rubra). (Foto © Iván Gabaldón).

Placeres de la vida en la selva... (Foto © Iván Gabaldón).

Placeres de la vida en la selva. Hasta pronto señor mono, ha sido un gusto. (Foto © Iván Gabaldón).

I.G.H

(…continuará)

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RIDE INTO BIRDLAND agradece especialmente a la Gobernación de Campeche y al despacho del Gobernador, Lic. Fernando Ortega Bernés y a la Secretaría de Turismo de Campeche, por su valioso apoyo con la logística de transporte aéreo y terrestre que hizo posible la realización de este reportaje. Agradecemos también a Don Francisco Hernández, Embajador ad-honorem de Campeche, por invitarnos a conocer las maravillas de su tierra.

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Los servicios de Luis Jiménez Hernández, excelente guía especializado en arqueología y observación de aves, pueden ser contratados contactándolo al teléfono celular 983 135-1497, al correo electrónico luis8lewis@hotmail.com o a través de su página en FaceBook.

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Fuentes bibliográficas:

La piel de la selva – Ecosistemas de Campeche. (2012 – Varios autores). Publicación de la Gobernación del Estado de Campeche, su Secretaría de Cultura y CONACULTA.

Calakmul – World Heritage Site. (2012 – Varios autores). Publicación de la Gobernación del Estado de Campeche, su Secretaría de Cultura, INAH y Gobierno Federal de México.

A Guide to the Birds of Mexico and Northern Central America. (2010, Steve Howell and Sophie Webb).

The National Geographic Field Guide to the Birds of North America. (Sixth Edition)

Southern Mexico – Travellers’ Wildlife Guides. (Les Beletsky, 2007).

I.G.H.

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4 respuestas a Tesoros de Campeche (Parte I) – Calakmul, tierra de asombros

  1. Maria Andrade dijo:

    Hola Ivan,

    Ya estrañábamos tus publicaciones¡¡¡. Gracias por compartir tu experiencia y por contribuir a la difusión de esta bella región de Campeche.

    Saludos,

    MA

  2. Cherie Pittillo dijo:

    It’s difficult to describe the essence of Calakmul, but you did it beautifully. Congratulations on your variety of images from aerial to the intimacy you shared with turkeys and monkeys. To have both a trogon and a toucan in the same image or to show the toucan catching the berry in mid-air…all are astonishing. Thank you for sharing the magnificence of Calakmul through text and images.
    I look forward to part II.

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