Sobre los placeres del blogging

Años atrás trabajé como periodista en The Daily Journal, un periódico venezolano en lengua inglesa. Me daba el lujo de saber que cualquier texto mío sería filtrado por los capaces ojos y manos de un encafeinado editor nocturno, quien atraparía cualquier cosa antes de que llegase a ser tinta sobre papel a la mañana siguiente. Esto no me daba licencia para ser descuidado, pero aseguraba la calidad de textos escritos frecuentemente con premura para cumplir con pautas de cierre. Para un escritor no nativo en la lengua inglesa como yo, significaba también que al leer mis textos antes de su publicación y nuevamente en la página impresa, podía hacer avanzar mi aprendizaje del idioma a grandes zancadas. ¡Gracias editores!

Flash-forward a la era de la auto-edición.

El mundo entero es ahora nuestra audiencia.

Somos libres. Lo que significa que trabajamos solos.

Podemos usar la internet para poner nuestro mensaje allá afuera, con todos sus defectos, a la vista del mundo. Pero un momento, ¿realmente lo verá alguien? ¿Que hay del síndrome de déficit de atención?

Tenemos programas WYSIWYG para edición gráfica. Así que hemos debido convertirnos en diseñadores gráficos, incluso si nunca fuimos capaces de dibujar una línea.

Tenemos procesadores de palabras con corrección automática. Pero no sustituyen a aquél viejo editor que corregía ortografía, gramática, estilo, jerarquía y contenido. No hay que olvidar que podía escupir titulares magníficos sin pestañear y era excelente jugando al billar.

Podemos buscar cosas en Google y obtener un millón de listados para cada consulta en menos de 0.2 segundos. Lo que significa que nos hemos convertido en nuestro propio departamento de investigación, sin personal ni presupuesto y sin conocer a ciencia cierta la confiabilidad de nuestras fuentes.

Y ahora hacemos video. Los de video siempre fueron una raza aparte, pero se ha hecho tan fácil…  ¿O no?

¿Mencioné tener que aprender a “blogear” y los placeres de los plugins de WordPress? Me estoy mareando. Amo la libertad digital.

Pero un momento, deténgame de inmediato. ¿Cuántas palabras tomaría describir los beneficios de poder publicar contenido que es personal, realmente independiente y diseñado acorde a nuestros propios intereses? ¿Y qué hay de poder hacerlo desde nuestra sala, en boxer shorts, y obtener alguna reacción de otra mente interesada desde el extremo opuesto del planeta?

Ok, dejaré de quejarme ahora.

Hay una razón por la cual he estado rumiando estas ideas. Hace casi dos semanas regresamos del viaje a Mérida y aún no publico el reporte completo. Créanme, no se trata de un caso de abandono. He estado realmente ocupado editando imágenes, video y texto. Estoy cerca de tenerlo listo pero hace rato que tiré por la ventana cualquier pretensión de urgencia periodística. Después de todo, no se trata de la noticia de la hora y una vez publicado el material estará disponible por mucho tiempo.

Hoy decidí descansar la mente caminando un rato con nuestra perra hacia la laguna cercana. Llevé conmigo los binoculares Celestron que recibí en el concurso de Fotografía del Festival Toh. Me sorprendió la calidad de su óptica. Observé las garzas volar hacia el sur sobre mi cabeza, en sincronía con el atardecer. ¿Dónde duermen?

Ahora estoy de vuelta frente a la pantalla del ordenador. Mantengo la esperanza de que cuando esté listo USTEDES sigan allá afuera.

No se preocupen, por aquí sigo persiguiendo esa lombriz.

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