Conoce a Verena Gerber, creadora de Xixim Unique Mayan Hotel

Xixim_300pxUbicada a unos 90 kilómetros al noroeste de la ciudad de Mérida (Yucatán), la Reserva de la Biósfera de Celestún abarca 59,130 hectáreas y protege un hábitat indispensable para la supervivencia del Flamenco Americano (Phoenicopterus ruber). Los Flamencos compiten con los Pingüinos por el primer puesto entre las especies de aves consideradas carismáticas, así llamadas porque resultan fascinantes para los seres humanos. La Reserva de la Biósfera de Celestún es fundamental para la alimentación e hibernación de los Flamencos y se ha convertido en un importante motor para el desarrollo del eco-turismo en la zona. Viajeros de México y del mundo visitan la reserva para hacer paseos en bote y deleitarse con la visión de centenares o miles de estas vistosas en su hábitat natural, una experiencia difícil de olvidar. Los Flamencos son protagonistas indiscutibles de este gran espectáculo, pero el observador atento pronto descubrirá que hay mucho más para ver y disfrutar en este lugar.

Un grupo de visitantes de Italia observa a los Flamencos Americanos (Phoenicopterus ruber) en la Ría Celestún. (Foto © Iván Gabaldón)

La lista de aves de la zona es tan variada como los ecosistemas que componen la reserva, los cuales incluyen manglares, ciénagas,  sabanas, dunas costeras, petenes y selvas caducifolias. Entre las especies raras y endémicas que es posible avistar podemos mencionar la Matraca Yucateca (Campylorinchus yucatanicus), la Codorniz Yucateca (Colinus nigrogularis), la Chara Yucateca (Cyanocorax yucatanicus), el Maullador Negro (Melanoptila glabrirostris), el Carpintero Yucateco (Melanerpes pygmaeus), la Garza Pico de Bote (Cochlearius cochlearius), la Garza Tigre (Tigrisoma mexicanum), el Colibrí Cola Hendida (Doricha eliza), el Chipe Manglero (Dendroica petechia), el Mosquero Yucateco (Myiarchus yucatanensis), la Golondrina Yucateca (Stelgidopteryx ridgwayi), la Calandria Yucateca (Icterus auratus), el Martín Pescador Enano (Chloroceryle aenea), el Loro Yucateco (Amazona xantholora), el Rascón Cuello Gris (Aramides cajanea), el Rascón Cuello Rufo (Aramides axillaris) y el emblemático Pavo Ocelado (Argiocharis ocellata).

En nuestra más reciente travesía a esta zona de la península nos alojamos en Xixim Unique Mayan Hotel, un paraíso para los amantes de la naturaleza que ya habíamos conocido en nuestro viaje al Festival Toh de las de Aves 2011. Xixim pertenece a una especie poco común en el mundo de la hotelería, pues combina acertadamente el lujo con la sustentabilidad y además es manejado personalmente por su propietaria.

La observación de aves comenzó en la comodidad de nuestra cabaña. (Foto © Roselys Oropeza)

El primer amanecer en Xixim nos prodigó la visita, a las puertas de nuestra cabaña, de una pareja de Cardenales Norteños (Cardinalis cardinalis), especie muy celebrada en la cultura Yucateca que sin embargo ha visto sus poblaciones tristemente reducidas en años recientes, como consecuencia de su captura excesiva para el mercado de aves cautivas. La visita de esta pareja de cardenales fue el abreboca para un excelente fin de semana que combinó la observación de aves con el disfrute de la costa del Golfo de México y un interesante paseo en bote a la Ría de Celestun.

Ejemplar hembra de Cardenal Norteño (Cardinalis cardinalis). (Foto © Iván Gabaldón)

Nuestra estadía coincidió con la presencia en el hotel de su creadora, Verena Gerber, con quien pudimos conversar largamente para indagar más sobre el concepto detrás de Xixim. Quisimos saber sobre la aventura que ha sido desarrollar un proyecto como éste, en una zona que presenta particulares desafíos por estar fuera del flujo masivo de turistas que visitan la Península de Yucatán. Una noche, antes de la cena, nos sentamos con ella en el bar elevado de Xixim, frente a las aguas del Golfo de México, y la entrevistamos para RIDE INTO BIRDLAND.

IGH: ¿Por qué elegiste este lugar para desarrollar tu proyecto turístico?

VG:  Visité muchos lugares, pero cuando yo vi esta playa y este espacio, me enamoré. Sales a esta playa llena de conchitas y dices, ¡no puede ser!. Cuando yo era chiquita en Acapulco todavía había conchitas, también en Cancún. Ahora ya no se encuentran en ninguno de los dos lados. Aquí todavía tenemos la suerte de tenerlas y me parece sensacional que las podamos conservar. Es todo el lugar, el espacio me parece mágico, pero lo que me llamó la atención y me hizo decidirme fue precisamente esa playa virgen, llena de conchitas.

La personalidad detrás de Xixim: Verena Gerber. (Foto © Iván Gabaldón)

IGH: Era una apuesta fuerte porque no había desarrollo turístico en la zona.

VG: No era simplemente una apuesta, uno se decide por un proyecto y dice “yo quiero irme por ahí”. Yo quise hacer lo que hace 20 años, cuando comenzamos, se llamaba eco-turismo. Luego pasó a llamarse turismo sustentable o responsable, después turismo verde, que es como lo llamaría yo. Quería hacer un proyecto eco-turístico como debe de ser, aunque no sabía cómo. Me dediqué a leer y a visitar lo que en aquel entonces se llamaba turismo ecológico. Tuve la fortuna de poder ir a las Islas Vírgenes y a otros lugares, también pude leer mucho. Entonces entendí, en aquella época, que no había nada escrito y que todo se estaba haciendo, pero que sí había algunos lineamientos que yo ahora considero muy lógicos. Hay que empezar con algo y comenzamos con un proyecto que inicialmente llamamos Eco Paraíso Xixim. Estamos en la punta oeste de la Península de Yucatán, que se llama geográficamente Xixim, versus la punta este de la Península  que se llama Cancún. Xixim quiere decir “concha de mar” y Cancún quiere decir “nido de serpientes”. Yo me decidí por “concha de mar”.

Hace 20 años no había nada y ahora los parámetros que tenemos de turismo responsable son internacionalmente reconocidos, cosa que me hace sentir muy orgullosa. Tenemos todo: baja densidad de construcción, porque es muy importante no presionar sobre el lugar donde estás; utilizamos materiales de construcción de la región; construímos de modo que la arquitectura se mimetice con la naturaleza; toda nuestra agua se recicla al 100% biológicamente, ¡toda!, cosa que no es fácil; separamos la basura; reutilizamos todo lo posible, aunque por la calidad de hotel que tenemos hay muchas cosas que no puedes reutilizar pero no las tiras, las regalas o, por ejemplo, con los blancos puedes hacer trapos.

Arquitectura que se mimetiza con la naturaleza. (Foto © Roselys Oropeza)

IGH: Te has enfrentado entonces al desafío de querer hacer algo que sea sustentable y a la vez económicamente viable, usando las tecnologías disponibles. ¿Cuál ha sido el secreto para no perder el norte y seguir insistiendo en la búsqueda de un punto de equilibrio desde el punto de vista operativo?.

VG: Primero tienes que tener un ideal muy firme. Viene gente y te dice: “¿Por qué no plantas pasto?”. Pues no, lo que aquí queremos es tener vegetación autóctona, por lo tanto no puedes arrasar con eso. Si quiero hacer algo sustentable no puedo hacer un edificio de diez pisos, no va con el concepto. En cuanto al punto de equilibrio… te topas con la realidad, uno de ellos es precisamente energía alternativa. Si tú tienes tres cabañitas o pones unas tiendas de campaña, das algunas velas y dices, de 11 a 6 de la mañana no hay energía, pues se puede hacer pero no es el objetivo de este hotel que dice “ven a disfrutar de la naturaleza con estilo y confort”. Nosotros lo que hacemos aquí es controlar los insumos y desechos de nuestros clientes. Toda la basura está controlada, las aguas grises, las aguas negras, la servilleta, el popote, no se deja nada al azar, no se tira nada al medio ambiente. No usamos casi popotes porque no los deshaces jamás. La colilla del cigarro no se deshace, y aunque hay clientes que fuman les dices que por favor no lo tiren porque sería horrible. En muchas de las playas en México escarbas en la arena y encuentras dos cosas: colillas de cigarro y vidrio de cerveza. Aquí todavía encuentras, bendito sea Dios, conchitas. Por eso hay que conservar y preservar.

Yo creo que la falla hasta ahora, la que más me duele, es lo relativo a colectores solares, paneles solares, energía foto-voltáica, energía eólica. He estudiado y probado mucho pero no todo está funcionando aún. Pienso que la tecnología no nos ayuda, es muy cara. Un sistema híbrido requiere de mucho esfuerzo y debe estar muy bien hecho, porque si la energía no se traslapa como debe ser te daña todos los aparatos. Pero creo que tenemos un espacio que sí es sustentable, hacemos turismo responsable, lo hacemos bien y el lugar es bellísimo. A mi hotel lo considero muy bonito, pero me refiero a que todo el lugar es bello, es mágico, ¡es impresionante!. Cada vez que yo vengo me encuentro con una sorpresa. Si no es un cliente, entonces son dos o tres arcoiris al mismo tiempo, o una lluvia de estrellas, o la luna que parece doble sol aquí en el mar a las 3, 4 de la mañana. Es impresionante lo que se vive aquí… ¡ver a una boa comiéndose a una iguana, por ejemplo!. Es un lugar mágico, de muchos regalos, y estamos preservando el pedacito que nos tocó.

Lujo y confort en armonía con la naturaleza. (Foto © Iván Gabaldón)

IGH: En Xixim, la idea de preservar incluye a la duna costera. ¿Por qué es tan importante preservar la duna?

VG: Tenemos muchos ejemplos de lo que sucede si tocas la primer duna, que es realmente lo que constituye la costa, no es la playa. Por eso en Cancún están sufriendo lo que están sufriendo, yo les llamo hoteles de escupitajo al mar: tú estás en tu cuarto, en tu terraza y echas un escupitajo y cae en el mar. Aquí tienes que caminar a lo mejor 100 metros para llegar al mar. La primer duna hay que dejarla intacta, es allí realmente donde comienza la tierra firme. Además es donde anida la tortuga marina, nosotros tenemos la suerte de la arribazón de la tortuga de carey, empieza en junio, julio y agosto, luego tenemos el desovar. Si le quitas eso a la tortuguita estás ayudando a su extinción. ¡Es nuestra costa, señores!. Y si tú la truncas sucede igual que en Cancún: ¿donde está la arena, la playa? ¡Se te fue! Esto realmente ya se sabe, ¿por qué se sigue haciendo, por qué se sigue permitiendo? Realmente no lo entiendo. Además, aquí en la primer duna hay vegetación que no ves en ningún otro lado, hay arbustos allí que huelen y saben a miel, pero te metes más adentro a la segunda duna y no existe eso. Es solo en la primer duna, entonces no hay que destruirla.

La arquitectura en Xixim respeta y mantiene intacta la duna costera. (Foto © Iván Gabaldón)

IGH: Vimos en TripAdvisor que la gente hace comentarios muy positivos sobre Xixim, pero si alguien no estuvo completamente satisfecho con algo tú misma le contestas personalmente.

VG: Yo siento que el TripAdvisor es una herramienta que hay que utilizar. Es el mejor parámetro para cualquier hotel actual, y creo que nuestros clientes que se toman el tiempo para dar su opinión sobre nosotros -sea buena o mala- merecen trato muy personalizado del dueño, creo que es una obligación. Para mí es realmente un deber y un honor, si tenemos errores entonces hay que corregirlos, ¡y qué bueno que nos los ponen! Me tomo el tiempo para hacerlo y creo que es importante, espero que a mis clientes les guste, además yo sé que es con todo el cariño que ellos están escribiendo para nosotros, es un regalo de ellos y los regalos se tienen que agradecer.

IGH: Has puesto énfasis en contratar gente de la localidad. ¿Qué desafíos y satisfacciones te ha dado esto?

VG: Celestún es un poblado pequeño que tiene a veces mucho dinero y a veces muy poco. La pesca les deja bastante, la pesca de pepino o la pesca de pulpo, por ejemplo, puede dejar 60 mil pesos a la semana. En Celestún no hay bancos pero sí hay cantinas, entonces mucho de este dinero se va ahí, al chupe. No lo usan para mejorar sus casas, no lo usan para mejorar el poblado, no sé qué hacen con él, hay un poco pobreza moral ahí. No hay cura ni hay juez, es un pueblo un poco difícil. La mujer obviamente no tiene voz ni voto, el marido no la deja trabajar, entonces también se dedica a tomar. Nosotros hemos captado algunas personas y ayudado a su rehabilitación. Ya no toman, trabajan aquí con nosotros, son muy lindas personas de Celestún. Hemos llegado hasta un 80% de personal local, manteniendo las cabezas como el Gerente y su asistente, que son de fuera de aquí. Obviamente el personal rota, pero ahorita tenemos bastantes personas de Celestún y nuestro Gerente las educa, les enseña a tener constancia, perseverancia, presentación, ética de trabajo. ¡Están super bien!.

La acogedora recepción de Xixim a la caída de la noche. (Foto © Iván Gabaldón)

IGH: Hace relativamente poco hiciste un cambio de nombre y de imagen, con una orientación adicional hacia el  “wellness”. ¿Cómo cambió en ese sentido la oferta del Hotel?

VG: El eco-turismo no es suficiente, necesitamos aumentar un poco el nicho de mercado, no nada más birdwatching o naturaleza, sino también turismo de bienestar. Ofrecemos algo que yo conozco -soy terapista física de profesión- y eso es el wellness. Ahora, ¿qué clase de bienestar? Un spa aquí no puedes porque eso requiere de mucha agua caliente. Puedes hacer talasoterapia, puedes hacer un espacio multi-usos en donde hacer yoga, reiki, meditación, sanaciones. De modo que hicimos un espacio suficientemente grande para que quepan acostadas 25 personas haciendo Hatha Yoga o Yoga Iyengar, hicimos cubículos de masajes, e incorporamos la jugo-terapia y el gimnasio.  Es un corredor de bienestar, además porque ya todo este lugar sana.

Salón de usos múltiples: materiales nobles, amplias dimensiones  y entorno natural que invitan a la práctica del Yoga. (Foto © Iván Gabaldón)

IGH: Haces mucho énfasis en el turismo nacional, no solamente en el internacional. ¿Cómo invitas a tus compatriotas a venir, por qué deben descubrir este sitio?

VG: ¡Porque está aquí en México, este espacio único e irrepetible en el mundo!. Para qué vas a viajar a ver el flamenco africano, ¡si está aquí! En el invierno pasado tuvimos 50,000 ejemplares. Si tú ves la Ría de Celestún con 50mil ejemplares de flamenco rosado, no se te olvida jamás, ¡es bellísimo! Y no nada más eso, también la garza tigre, la blanca, la azul, la roja y la tricolor… el pelícano blanco y el café…¡Es impresionantemente bello y está en México!.

IGH: Es un paraíso para el birding.

V.G.: Sí, claro. Y tenemos a un guía ornitólogo excepcional, se llama Alex Dzib, es oriundo de Celestún. Yo no sé como hizo para salir de la trampa que puede ser ese lugar para alguien que se quiere superar, pero lo hizo, se ganó una beca para estudiar sobre aves en Estados Unidos. Si ves el nivel socio-cultural de Celestún y ves que un joven se va a aprender ornitología en dos idiomas, porque tuvo que aprender inglés, es admirable. Conozco otros pajarólogos en Yucatán, pero a mí me parece que Alex es el mejor, por lo menos de la Reserva de la Biósfera de Celestún. He aprendido mucho de Alex.

Un Vaquero ojirrojo (Molothrus aeneus), fotografiado desde el restaurant del hotel Xixim durante el desayuno. (Foto © Iván Gabaldón)

IGH: ¿Puedes compartir alguno de esos momentos especiales en contacto con la naturaleza que has vivido  en Xixim?

VG: Me acuerdo muy al inicio del Hotel, llegaron unos clientes y cuando abrimos la cabaña había un par de iguanas en la cama. Entonces dije, “Ooops, está cabaña está ocupada!”, y cerré la puerta. “¡Vamos a la siguiente!”. Cuando ves una boa que agarra a una iguana, la estruja, y la iguana se salva, ¡deja su cola y se va! O cuando ves deshovar una tortuga o ves sus huevitos eclosionando, no das crédito, y luego cuando las sueltas al mar. O el pajarito que chocó y le soplas y vuelve a volar… Pero mira, a mí lo que más me gustó fue una pareja de alacranes. Tenemos un tipo de alacrán que no le hace nada al ser humano, es negro y grande, asusta por Hollywood que es lo que hace la peor propaganda a la naturaleza. Yo me puse a estudiar lo del alacrán y me encontré con una información fantástica, donde explicaban que el alacrán al aparearse hace como un baile. Tiempo después yo estaba acostada en mi cama y en la pared había un par de alacranes. ¡No sabes que pas de deux, el más bonito que yo he visto en mi vida. Estos dos alacranes estaban realmente bailando ¡bellísimo! Y yo sabía lo que estaban haciendo, precisamente porque había leído, así que entendí que se estaban apareando, un espectáculo nunca visto. ¡Un pas de deux de dos alacranes! Es de lo más fantástico que he visto, un regalo de la naturaleza, ¡nunca lo he vuelto a ver! Otro día estábamos en el mar y de repente volteo y veo dos arcoiris enteros encima de una cabaña, ¡impresionante! Han sido muchas cosas.

También fotografiado en terrenos del hotel, un Mosquero Cardenal (Pyrocephalus rubinus). (Foto © Iván Gabaldón)

IGH: ¿Cómo definirías la experiencia Xixim?

VG: Yo siento que es encontrarte a ti mismo, escucharte. Y si vienes con pareja, o con tus hijos, escuchar al otro. Es un espacio que te da esa posibilidad, no hay nada que te haga ruido. Y escuchar a la naturaleza. Claro, nadie te dice lo que tienes que hacer, si deseas encontrar la noticia, la tenemos aquí. La televisión está apagada, la podemos prender pero tienes que ir a buscarla. ¿Quieres el periódico? ¡Claro que te lo conseguimos! Pero tú tienes que pedirlo. No hay nada que te bombardee. Ese es Xixim, está en México y hay que conocerlo. A mi nada más me tocó conservarlo pero es de ustedes, es de México.

“…es encontrarte a ti mismo, escucharte”. (Foto © Iván Gabaldón)

I.G.H.

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9 respuestas a Conoce a Verena Gerber, creadora de Xixim Unique Mayan Hotel

  1. James Batt dijo:

    Love this interview Ivan ! Without doubt, the place I must stay when I get ‘out west’ . . .

  2. Cherie Pittillo dijo:

    Verena Gerber’s heart-filled, nature-inspired, eco-dedicated message comes through loud and clear. Thanks for a truly interesting interview with stunning imagery.

  3. No conozco personalmente el Hotel, sólo lo pude imaginar con la narración de su creadora en la entrevista y las magníficas fotos que la enmarcan, y ahora muero por ir!.

  4. María González dijo:

    Muchas gracias Iván por compartir esto con todos los que amamos la naturaleza y admiramos mexicanos como Verena.

  5. Sara dijo:

    Qué lugar tan espectacular, ojalá pueda visitarlo algún día; paz y naturaleza, qué más se puede pedir… Y las fotos invitan! 🙂

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